Un dios cara sucia y pies de barro

Por Manuel Bueno

Días atrás el mundo se paralizó ante la noticia del fallecimiento de Diego Armando Maradona, el futbolista más icónico del mundo , la figura que construyó un mito que traspasó los límites de lo imaginable convirtiéndolo en un dios , en un objeto de veneración para todo un país y gran parte del mundo.

La historia de pelusa tiene todos los condimentos para la construcción del mito y la leyenda: un origen extremadamente pobre, una carrera que resulta la salvación de una familia, la conquista de la hazaña que trae ganar un mundial, para un país como Argentina donde se vive a través del futbol.

Maradona y sus gambetas fueron fuente de felicidad, algarabía y orgullo para un país que  mientras lo veía brillar se encontraba en un contexto de incertidumbre institucional, democracia endeble y crisis socioeconómica además de salida de una guerra por aquello que tanto históricamente reclamaron: Las Islas Malvinas.

Quiso el destino que, luego de la guerra y en el marco de un mundial, Argentina e Inglaterra se enfrentaran y allí es donde el mito comienza a consolidarse: “El genio del Futbol mundial” ese “Barrilete cósmico” al decir de Víctor Hugo Morales  se despacha con el mejor gol de la historia de los mundiales y con un gol hijo de la picardía y la viveza criolla en su máxima expresión: nace la mano de dios. Argentina gana y pasa, el camino a la gloria continúa, el país explota de alegría y lo vive como una revancha. Ese gol, para muchos, es la venganza que no buscaban pero “El Diego” les proporcionaba.

El mundo Maradona crece a ritmo desenfrenado, su imagen es la bandera de un futbol mercantilizado y globalizado que llega a todos los rincones del planeta y el mito crece y crece.

Roberto Perfumo, histórico jugador de futbol argentino, dirá en su momento que Dios es el peor apodo que se le pudo poner a Maradona. Esa omnipotencia es perjudicial para su vida y su carrera. El “pelusa” ya no era el pibe de pies descalzos, nacido en el campito, era Dios y su palabra, santa.

Eduardo Galeano definirá a Maradona como un Dios sucio: “Maradona se convirtió en una suerte de Dios sucio, el más humano de los dioses. Eso quizás explica la veneración universal que él conquistó, más que ningún otro jugador. Un Dios sucio que se nos parece: mujeriego, parlanchín, borrachín, tragón, irresponsable, mentiroso, fanfarrón”. Lo vuelve humano otra vez, muestra que el héroe puede equivocarse, actuar mal y ser uno más, mucho más parecido al de a pie que aquella imagen santificadora que lo pone en un pedestal.

A pesar de esa definición, de esa suciedad, de la que habla Galeano, en el caso Maradona, en cierta medida, eso incrementa su estatus de héroe. Ese héroe capaz de hacer feliz a un país, que nació de abajo (como muchos), que logro el sueño de un país es hijo del pueblo, y el pueblo se rinde a sus pies

El fenómeno Maradona cumple en gran parte con las características Aristotélicas del héroe trágico. En Poéticas, Aristóteles sugiere que el héroe de una tragedia debe evocar un sentimiento de pena o temor dentro del espectador, declarando que «el cambio de fortuna presentado no debe ser el espectáculo de un hombre virtuoso traído de la prosperidad a la adversidad». En esencia, el enfoque del héroe no debe ser en base a la pérdida de su prosperidad, sino que establece que la pena es una emoción que debe ser provocada cuando, a través de sus acciones, el personaje recibe una desgracia inmerecida para el espectador: sus repetidas situaciones al borde de la muerte. Mientras que la emoción del miedo debe sentirse por parte del espectador cuando contemplan que tal desgracia podría posiblemente suceder en situaciones similares. Aristóteles explica que tal cambio de fortuna «no debe ser de lo malo a lo bueno sino a la inversa: de lo bueno a lo malo». «No por vicio o depravación sino por algún error de juicio». Este error, o Hamartia, se refiere a una falla en el personaje del héroe, o un error cometido por el personaje en el caso de Maradona y sus sanciones por doping “me cortaron las piernas”

Por lo tanto, el héroe aristotélico se caracteriza por ser virtuoso pero no «eminentemente bueno», lo que sugiere un personaje noble o importante que es honrado y moralmente inclinado, pero que aun así está sujeto al error humano. Los héroes trágicos de Aristóteles son personas defectuosas que cometen  grandes injusticias o lesiones que finalmente llevan a su desgracia, seguido a menudo por la realización trágica de la verdadera naturaleza de los eventos que llevaron a este destino, para Maradona ,sus decisiones , sus cambios de entornos, sus internaciones y rehabilitaciones.

El héroe aristotélico es entonces, extraordinariamente capaz y altamente moral, y son estas cualidades exactas y admirables las que llevan al héroe a circunstancias trágicas. El héroe trágico está atrapado por su propia grandeza: extraordinaria competencia, una justa pasión por el deber, y (a menudo) la arrogancia asociada con la grandeza.

Por todo esto es que Maradona, es amor y odio, se lo engrandece y desmitifica a la vez. Su figura polémica y contestataria dueña de grandes gambetas con la pelota y frases picantes se contrasta con demandas de paternidad, hijos extramatrimoniales, excesos gloria y caída , de un dios sucio y de pies de barro.

Carga una cruz en los hombros por ser el mejor,
por no venderse jamás al poder enfrentó
Curiosa debilidad, si Jesús tropezó,
por qué él no habrí­a de hacerlo
La fama le presentó una blanca mujer
de misterioso sabor y prohibido placer,
que lo hizo adicto al deseo de usarla otra vez
involucrando su vida
y es un partido que un dí­a el Diego está por ganar

Fragmento de “Mano de dios” canción inmortalizada por Rodrigo Bueno