Al «bocacha» probalo vos.

Por Manuel Bueno Baptista 

Juan Antonio Rodríguez Iglesias junto a William Jones en Londres 1948 y Miguel Seijas en Helsinki 1952, logró poner en lo más alto al remo uruguayo. Hoy es la mayor gloria con vida del deporte nacional. Conversamos sobre su vida:una carrera de largo aliento.

Sus logros y sus experiencias.Entrevista realizada en 2017

-Contó en algunas entrevistas que su familia no es de Paysandú y que con la escuela le sucedió algo muy particular ¿Cómo es esa historia?

-Yo nací en Dolores, departamento de Soriano en 1928 pero a los tres años, yo no sé bien porqué, pero hubo una dictadura y unos líos entre Terra y Baldomir y a mi padre don Teodoro Rodríguez consecuencia que como no estaba con los que mandaban lo tenían de un lado a otro, nos mudamos para Mercedes y viví en Mercedes tres años. Después lo mandaron para Paysandú porque lo perseguían, lo movían de un lado a otro por no ser partidario. Después lo iban a mandar al Chuy, él fue y habló con Martínez Trueba que dio la orden para que no lo muevan más de Paysandú y lo dejaron fijo acá.

Como a mi padre no lo podían mover de Paysandú, lo que le empezaron a hacer fue que lo movían en Paysandú. Primero lo mandaron a Nuevo Paysandú, en esa época yo cumplía los 6 años, pero por cumplir en Julio no me dejaron entrar a la escuela, porque no tenía la edad suficiente y entré con casi 7 a la escuela N°1. Por esos años iban varones de mañana y mujeres de tarde, me acuerdo había una directora que era una leona, le tenían miedo las maestras y todo el mundo. Pasé ese año y algo, ya había logrado llegar a segundo, y fui a dar a la escuela de Nuevo Paysandú por el traslado de mi padre. En Nuevo Paysandú (la escuela) llegaba hasta quinto nomás, llegue allá y de segundo me pasaron a primero de vuelta.

Estuve ahí del 35 al 38 y de Nuevo Paysandú a mi padre lo trasladaron a Paso Vera. De allá el viejo nos mandaba a mi hermano Teodoro y a mí en dos yeguas, una cada uno, a la escuela de Casa Blanca. Resulta que la escuela de Casa Blanca era escuela rural y tenía solo hasta tercer grado. Yo ya había hecho tercero y me mandaron a segundo de vuelta. Ahí me hice otro año, hasta que en el año 39 el viejo compró, por intermedio del Banco República, una casa en la ciudad de Paysandú y de ahí no nos movimos más.

-Ya que estamos hablando de la familia ¿Cuántos hermanos tiene?

-Yo soy el mayor, después está Teodoro y las mellizas, somos cuatros hermanos. Las mellizas nacieron aquí en Paysandú en el año 35.

-Y la situación familiar ¿Cómo era?

-Yo no pude estudiar porque la situación en la casa con lo que el viejo ganaba no daba. Yo me di cuenta de eso y fui a la escuela industrial dos años. Después de eso me metí de guarda de ómnibus y anduve como tres o cuatro años de guarda en “La Sanducera”. Después hubo un sorteo en la intendencia para trabajar, porque se estaba haciendo la destilería de alcoholes. Yo salí en un sorteo de esos y fui para allá. Yo calculo que eso me ayudó para el remo porque en esa época el saneamiento no es como ahora, la zanja para el saneamiento se hacía a pico y pala. Yo me ampollé todas las manos y callos debo tener por el remo, pero el pico y la pala todo el día, trabajaba 8 horas.

– ¿Después del trabajo a entrenar?

– Si, si, después tenía que venir al club a entrenar. Yo me iba a trabajar para allá y cuando volvía mi madre me preparaba un sillón con unos almohadones para descansar un poco. La verdad que siempre me arreglé bien con eso.

– ¿Cómo era el remo en aquella época? ¿Cómo era el Club Remeros cuando empezó usted?

– El club en esa época, cuando yo empecé a ir, tenía los botes antiguos de madera, unos botes tinglados. En esos botes corrí mi primer regata en Febrero del año 1945. Era una de las competencias que hacía don Juan Bertoni. A Bertoni le gustaban las competencias de largo aliento y se corría una regata de la vuelta a la isla, tres o cuatro botes de esos grandes y pesados, y bueno, sortearon y corrí. Ese año no corrieron cuatro botes, corrimos tres. Se salía del club para arriba hasta la punta de la isla, se daba la vuelta, aparecíamos por abajo, cruzábamos el río y tuve la suerte que la gané a esa regata. Ese día corrimos con Coren y Pesce, los tres pesábamos 63 kilos, éramos igualitos los tres, timonel y remero.

Después de eso me entusiasmé y seguí remando y remando. Se hacia otra carrera que se corría bote a bote en los cuatro cadetes Ancap – Paysandú. Corrimos con Washington Nolla, Cabillón y no sé si Porcel era el otro compañero. Con los otros botes que habían se hicieron cuatro tripulaciones. Se corrió una serie primero y la ganamos, y la otra serie tuvo otro ganador. Los dos ganadores fuimos a la final, pero Nolla se nos enfermó, que era el stroke. Entró Olazabal en lugar de Nolla, pero no fue lo mismo y nos ganaron; si hubiera estado Nolla no nos ganaban.

En el año 46 fuimos a correr a Salto, nos ganaron y ya entré en un racha que no había caso, lograba salir segundo y no había caso, no podía ganar. Pero ya me había entrado un entusiasmo por ir, tanto que me embromaban. Yo salía en un botecito single y me tomaban el pelo: una que yo era un chiquilín al lado de los otros que eran más hombres, pero yo le seguí dando y dando. Un día me autorizaron a que salga en los otros botes mejores que había, vino el invierno y los más veteranos y grandes que ya andaban bien no fueron, descansaron todo el invierno. Pero seguí remando, yo seguí saliendo todo el año. Cuando volvieron los candidatos yo estaba entrenado y ellos recién venían, entonces me decían «bocacha vamos” y “bocacha” allá salía con ellos, me llevaban siempre de tiro, ellos adelante y yo por gusto, porque me daba cuenta que podía pasarlos, los seguía de atrás. Íbamos hasta la boya colorada enfrente al chorro, dábamos la vuelta allá y volvíamos, por la playa del ferrocarril apretábamos un poco y se ganaba en la planchada. Entonces me acuerdo que Silveira fue el primero que la ligó. Veníamos juntos y apuró para quererse poner por delante, yo no le di corte, lo apreté y lo apreté hasta que entré yo primero. Bajaron corriendo a ver qué había pasado: “¿Qué te pasó que te ganó el bocacha?” y dice: “bueno, probalo vos”, con una trompa bárbara.

-Ahí se vio como sirvió el entrenamiento…

-Yo seguí después de todo eso. Por el año 1947, con Luis María Wasman, corrimos las pruebas selectivas en Paysandú y las ganamos. Después corrimos las regatas nacionales del litoral y también las ganamos. Ese fue el despegue que yo tuve, empecé en el 47 a andar bien, incluso había empezado a poner más cuerpo y todo: ya no pesaba más los 63 kilos, andaba por los 69 – 70 kilos, ya estaba más fuerte y andaba mejor.

-A todo esto, en esa época ¿Quién les enseñaba?

-En ese momento algunos más grandes, más veteranos, que eran los que ya sabían, nos iban pasando las cosas. No había un profesor fijo, como quedo después Wilfredo Raymondo. Él quedó fijo en Paysandú después que fue con nosotros a Londres, ahí Educación Física lo nombró para que se quede en Paysandú. Además de entrenar remo era profesor de natación y educación física en las escuelas. Les pasaba películas en las escuelas a los chiquilines, porque yo me he encontrado con más de uno que me ha hecho los cuentos de las cosas que les mostraba él de la olimpíada.

-Ya que menciona las Olimpíadas, ¿en qué momento surge la oportunidad de competir en los Juegos Olímpicos?

-Mirá, vino el campeonato del rio Uruguay y Raymondo hizo correr pruebas conmigo a Mario Lasarga; me acuerdo que uno de los hermanos de Lasarga de arriba de la terraza del club dijo: «voy quinientos pesos a mi hermano”, como para asustarme a mí, mientras yo bajaba con el botecito en el brazo, y todavía de los dos single cadetes que había, uno era un poquito mejor que el otro, entonces el mejor se lo habían dado a Mario y a mí me habían dado el otro. Largamos de la altura de lo que ahora es el Yatch Club, ahí estaban los 1000 mts y corrimos. Le gané en el bote más malo. Día por medio corrimos de vuelta y lo volví a pelar. Raymondo cambia el doble, al doble lo hacían anteriormente William Jones, que ya andaba bien, y el “negro” Luis Alberto Canepa. Me pone a mí en el doble con Jones. Yo corrí el single cadete del río Uruguay y lo gané, Jones corrió el single del río Uruguay y lo ganó. Después nos subimos al doble y ganamos el doble acá también. Coincidentemente, eso fue en Noviembre del año 1947. Venían las olimpiadas del año 48 en Londres, la Federación uruguaya llama a prueba selectivas a Melilla, corrieron botes de regatas, de Montevideo Rowling, y de Salto un doble que andaba muy bien.

Nosotros con Jones, entusiasmados como había andado la cosa acá, nos entrenamos un poco más, fuimos y les ganábamos por 100mts. Poníamos tiempos bastante buenos, pero ya la delegación estaba prácticamente completa, con Basquetbol, Waterpolo, Boxeo, prácticamente el avión estaba completo, pero como nosotros pusimos tiempos buenos, los delegados de remo la pelearon y entramos con calzador a la delegación. Después que estábamos adentro del avión los de waterpolo nos dicen “ustedes tienen bruta chance para correr allá” y bueno, ahí salió el año 48.

¿Sabés que de las medallas olímpicas que tiene el deporte uruguayo, el remo es el que tiene más? ¿Vos sabés cómo es el orden de las medallas olímpicas?

El Fútbol las dos primeras, 1924 y 1928. En 1932 Guillermo Douglas, un sanducero que remaba en el Montevideo Rowling, fue la tercera. La cuarta fue la de Rizzo, la quinta fue la de Jones conmigo, la sexta la volví a ganar yo, pero esta vez con Seijas de compañero en Helsinki, la séptima la gana el Basquetbol, en Helsinki también, la octava la volvió a ganar el Basquetbol en Melbourne en el 56, la novena “cuerito” Rodríguez, el boxeador, en el año 1964 en Tokio y la última la de Milton Wynants en el 2000.

 – ¿Representó a Uruguay muchas veces?

– Yo tuve la suerte de que 17 veces me puse la celeste, porque en el remo internacionalmente competí en sudamericanos, panamericanos, juegos olímpicos y tengo medallas de todo lo que corrí. Dos terceros puestos en Juegos Olímpicos, en panamericanos salí segundo, en sudamericanos salí segundo en Valdivia en dobles. En Rio de Janeiro salí campeón sudamericano en singles, en Perú ganamos el doble con William Jones, la misma dupla que salimos terceros en Londres, porque en Helsinki corrí con Miguel Seijas. Como Rizzo nos ganó las pruebas selectivas, Seijas me dijo “che canario vamos a hacer un dobles”, bueno, y ahí nomás se consiguió un bote y salimos a probar; me acuerdo que Emilio Ayala, un entrenador que había, en cuanto nos vio salir y dar las primeras remadas, dijo: “este bote va andar bien”, y me quedaron grabadas esas palabras.

En Londres me acuerdo que corrimos la primer serie y nos ganaron los belgas y los holandeses, fuimos al repechaje contra los canadienses y les ganamos, en semis fue contra los franceses y ganamos. Después vino la final un 9 de agosto. Con estar en la final ya éramos terceros porque eran solamente tres botes los que corrían en cada serie, y esa es la primera esa vez corrí cuatro veces. Cuatro más en Helsinki que corrimos la primer serie con los rusos, no sé si los alemanes y los finlandeses. Salimos segundos en la serie y clasificamos. Fuimos a la primer semifinal, nos chocamos una boya y entramos terceros en el grupo. Vinieron a inspeccionar, me llamaron a mi, yo les mostré el remo con el que le había pegado a la boya, vieron que estaba machucado y nos dieron la chance de correr de vuelta, porque si no nos iban a eliminar. Corrimos contra los australianos y los americanos, les ganamos la serie y fuimos a la final. En la final corrió Argentina, que fue el campeón, los rusos que nos volvieron a ganar, nosotros terceros y cuarto Francia.

Después en el sudamericano de Valdivia salimos segundos, nos ganaron Campozo y Guerrero que fueron campeones, y en el año 1949 en Porto Alegre corrimos el doble y lo ganamos. En 1950 corrimos en San Pablo y también ganamos al doble. Vino el panamericano de Méjico, que para ir tuve que correr las series en Montevideo y me clasifiqué contra Rizzo, que se me quedó con una trompa bárbara porque siempre me ganaba.

 -Anécdotas de esas competencias debe haber miles…

-Mirá lo que me hicieron: cuando fui al sudamericano de Rio de Janeiro yo había ganado las pruebas para ir, pero resulta que Rizzo, como había sido campeón sudamericano en el 48 y el 52, quería correr él. Entonces yo fui en la delegación con todos y el loco se fue por la cuenta de él. Estando allá me agarraron un día los delegados y me dijeron que yo era suplente, que el titular era Rizzo, que tenía que correr una selectiva el viernes. Yo lloraba de rabia, los relajé todos y me dijeron “o corrés la prueba o no corrés” y tuve que elegir: corrí la prueba con Rizzo, le gané y Rizzo se quedó con una trompa que volaba, pero bueno, aguántate piola, después de eso corrí el sudamericano y tuve la suerte que lo gané.

-¿Competía en single y doble solamente?

 -Yo remé single, doble y cuatro con timonel. Fui campeón nacional en single, doble y cuatro. Raymondo quería hacerme correr en cuatro porque la clasificación es distinta según el remo, corto o largo. Le corrimos al Rowling y le ganamos el nacional

-¿Los viajes cómo eran?

-Cuando fuimos a Londres en 1948 subimos al avión y lo primero que vimos cuando entramos en el pasillo fue un asiento atado con alambre, y nos quedamos mirando.De Montevideo a Río de Janeiro, de ahí a Recife y desde ahí a Natal. Estuvimos un día entero en Natal porque el avión tuvo unos problemas, o no me acuerdo que pasó.

Yo salí a probar un bote, porque Raymondo fue y habló para conseguir uno y no quedar parados. Salí a remar en un bote prestado, el inglés (William Jones) lo miró al bote y dijo “es muy chico, yo no salgo”, pero yo salí igual. Era un bote viejo que no servía, yo le quise hacer fuerza, de repente se salta un tolete y me voy al agua. Yo digo: “acá debe haber tiburones”; yo me sentía que me iban a comer los tiburones. Enseguida llegaron unos gurises en un bote, me subieron y trajimos el single de tiro.Al final llegamos a Londres y había niebla, entonces el avión quedó dando vueltas. Me acuerdo que Raymondo decía: “che no sea cosa que nos matemos en el aire”. No aterrizamos más, estuvimos como una hora y pico dando vueltas hasta que bajamos. Para ir, en total, pusimos 36 horas. Después, cuando fuimos a Finlandia también hicimos un tiempo muy parecido.

Para que tengas una idea el peso uruguayo en ese momento, don Elbio Arias que era el delegado de Paysandú en Montevideo, nos cambió con el peso uruguayo valiendo más que el dólar: con 98 centésimos compraba un dólar. Yo lleve como 70 dólares a Londres y tenía el bolsillo gordo, era plata en aquella época, si será distinto todo ahora.

-Ya hablamos de los viajes, pero ¿Cómo fueron las vueltas de los Juegos Olímpicos con las medallas?

-Yo tengo la satisfacción que, como en carnaval, la gente ponía sillas en las dos veredas y se llenaba cada vez que yo volvía. En el año 1948 que volvimos de Londres, yo a Paysandú llegué solo porque William Jones no quiso venir de Montevideo, dijo que se quedaba con unos parientes allá. Me dijeron que si me animaba a venir solo, y yo qué problema me iba a hacer, yo venía con ganas de estar y conversar con los muchachos, con toda la barra.

Mira que éramos unos chiquilines, yo tenía 20 años en esa época, y Paysandú, desde allá arriba, todo lleno de gente esperando. Fue una satisfacción enorme; me acuerdo la primera vez me trajeron en una camioneta de Parietti Stirling y en la otra era un auto de Juan Carlos Henderson, bajamos por 18 de Julio y era como si fuera carnaval, aplausos y toda la cosa.

Medallas de JJOO obtenidas por Juan Antonio

-Además de remo ¿hizo otros deportes?

-Cuando mi bote quedó en Méjico yo ya era veterano, andaba con 27 años, y la gurisada que hacía atletismo era más joven yo. Yo entrenaba corriendo, me acuerdo que había uno que ganaba siempre y yo me apunté para correrle los 400 mts, fui y me tocó el andarivel 6. A los últimos 100 mts venía atrás, pero respiré hondo, apreté y aceleré, terminé ganando la carrera y les puse menos de 1 minuto. Quedaron malísimos conmigo, conociendo tiempos de las olimpiadas era un tiempo malo, y ahora que son mucho más rápidos, peor. Yo aquí lo alcancé a correr en 53 segundos, que para la pista vieja de acá era un buen tiempo. No llegué a correr en la pista como está actualmente. La cuestión que eso me dio la duda de si seguir corriendo en remo o pasarme al atletismo. Al final seguí con el remo, pero corría alguna prueba de 200, 400 u 800 metros y alguna que otra ganaba.

-¿Y la pesca?

-Tengo la satisfacción de que, con la pesca, acá en Paysandú, cuando empecé a meterme querían hacer federaciones distintas. Impuse que teníamos que ser de la Federación Uruguaya de Pesca, hicimos unas reuniones, se hicieron pescas importantes y a partir de ahí empezamos a pescar con las reglas del resto del mundo. Vino la etapa de competir y me di el gusto en Colonia, en la escollera Santa Rita, de ganar las doce horas nocturnas; me acuerdo que me apunté solo en la categoría de veteranos, porque ya había pasado los sesenta años. Arranqué lindo y los entré a pelar: a las once horas de pesca lleva noventa y siete piezas y los otros sesenta y pico. Terminé con ciento veintisiete. En el control final me piden el documento, me dan la copita de veterano y, cuando llamaron al que ganó la general, era yo otra vez y me dieron una copa más grande.

Juan Antonio al momento de la entrevista (2017)

-Cuantas experiencias interesantes y muchos premios imagino

-Bueno, yo tuve mucha suerte, y menos mal que la cabeza todavía me funciona y me acuerdo de todo; tengo que se yo cuantos trofeos, que ya ni lugar para guardarlos tengo. Son de las cosas lindas que a uno le quedan de recuerdo, ¿no?

Homenaje del club remeros al cumplirse el 55° aniversario dela gesta deportiva