Osiris Rodríguez Castillos y sus obras para guitarra (y recitante)

Por Hamid Nazabay

Para este año, en breve, está prevista la publicación del libro Osiris Rodríguez Castillos – Obras para guitarra, del guitarrista e investigador Oscar Redon Cabrera, con la colaboración de quien suscribe y el prólogo de Sergio Fernández Cabrera. Como el anterior tomo (para guitarra y canto), se trata de un edición crítica y anotada de la obra del gran maestro del Yi. De tal modo, brindamos para El Sur, además de la primicia, un anticipo que incluye la introducción y la nómina de partituras que se publicarán. 

Este nuevo libro, al que le precede un primer volumen titulado Osiris Rodríguez Castillos –  Obras para guitarra y canto (2019), presenta obras para guitarra sola: músicas que, a su vez, tuvieron distintos modos de expresión. Más allá de lo compuesto o de la idea de que estas se ejecutaran como tales, las mismas fueron funcionales a la poética del autor-compositor.

Como tal, esta compilación incluye la totalidad del repertorio que Osiris grabara y pautara para guitarra solista, con ciertos agregados como el “Estudio”, las “Cuatro milongas” y una versión de “Cielo de los tupamaros”, obras que él no registró en fonogramas.

Las fuentes consultadas para las transcripciones fueron tres: partituras manuscritas, partituras editadas y grabaciones. En este último caso, ante algunas ausencias de notación musical –más allá de la investigación preexistente, no hallándose– se optó por la transcripción desde la grabación original realizada por el autor en discos; por lo tanto, se trata de obras hasta entonces inéditas.

En la mayoría de los casos se ha tomado la referencia de la pautación de la partitura manuscrita, ya que sólo tres de las obras aquí contenidas fueron formalmente editadas: Creciente en el río Yi (1963), Música para ranas (1966) y El cuento de Juan Corazón (1966), todas para Editorial Lagos. Asimismo, siendo coherentes con el criterio (base del primer volumen mencionado), lo que está transcripto se corresponde con lo grabado por el autor o con las versiones sonoras definitivas, lo que encubre una dificultad: muchas veces lo escrito por Osiris en partituras no se corresponde estrictamente con lo grabado en fonogramas. En esos casos, se realizaron las modificaciones pertinentes; y de tener relevancia, se especificó en las notas o fichas técnicas de cada composición.

La mayor parte de este repertorio guitarrístico fue utilizado por el autor como base musical para los poemas. De todas maneras, la titulación de música y poema no siempre es equivalente, cada uno tiene su nominación propia. De tal modo, se ubicó en la tabla de contenido como subtítulo de las obras musicales los títulos de los poemas (por ejemplo: Creciente n el río Yi / Canción para mi río). 

Otra inclusión novedosa, para dar integralidad y totalidad a las obras, fue incorporar los textos que prologan a los poemas y a las músicas en los discos, breves prosas poéticas que anteceden a la poesía y a las composiciones que los contienen. Los mismos no están incluidos en las partituras originales y tampoco figuran en los libros del autor. De más está decir que los poemas también están adjuntos y fueron transcriptos de la bibliografía de Osiris. 

Al ser la mayor parte del corpus obras para guitarra que oficiaron de base musical a los poemas puestos en voz, haremos algunas precisiones conceptuales: aquellas que Osiris utilizó las explicitaremos y ahondaremos. Más todavía, porque fue cambiando de terminología en el trascurrir de su obra para referiste a estas composiciones. Además, para cuando tuvo “resuelto el problema” y logró nueva definición, esta no figuró siempre en las partituras y sí en comentarios de discos posteriores. 

Osiris, en alguna de las partituras de composiciones instrumentales que utilizaba para los poemas, hacía la aclaración de “Música incidental para el poema…”; no obstante, esto fue en un momento, al menos en lo publicado, hasta 1966 (ver “Música para ranas”, donde al final de su segunda página anota: “(Música incidental para el poema “Como esta lluvia mansa” del libro “Cantos del norte y del sur” del autor)”). Más adelante, en 1970, para el LP “Volumen 3” afirmará claramente: “Nos place ofrecer aquí –creemos que satisfactoriamente resuelto– un problema que nos planteáramos hace casi veinte años: el de los Poemas Formales Para Recitante y Guitarra.” Es decir, hay un cambio, sino de sustancia de esencia: el pasaje de una música incidental para un poema a los Poemas Formales Para Recitante y Guitarra (así con mayúsculas). Del incidente, del uso de una música que adorne al poema, casi secundariamente, pasa a la proposición conceptual, a la sistematización de un método, donde cada elemento –como parte de un todo– tiene paridad en relevancia: poesía, recitado y música. Entonces, en las partituras (manuscritas) donde indicaba a qué poema le correspondía la música, especificaba: “Parte guitarrística del poema…”, cuando la titulación música/poema no era la misma; o “Parte guitarrística del poema para recitante y guitarra”, si era homónima.

Ahora bien. La función de la música incidental parece ser algo distinto a la concepción osiriana definitiva. Lo incidental se trataría de una música de fondo, ilustrativa o que da marco a lo que transcurre performáticamente, sea una película o una obra teatral (desde donde surge la terminología) o, como en este caso, un poema. Lo significativo es que, como metáfora gestáltica, la noción de figura y fondo es clara: el poema toma relevancia y es acompañado por la música. La función no es el mero ornamento sonoro –loable también– sino el acompasarse emotivamente y darle continuidad a la escena y/o a la puesta en voz.  Evidentemente Osiris consideraba que su música, las composiciones para guitarra que realizaba, cumplían con esos preceptos. Empero detectó que, si bien funcionaban así, como significante, eran composiciones en sí mismas; incluso les había dado otro título, signando las obras –generalmente– de modo diferencial a los poemas. Para él, cualitativamente, esas músicas adquirían la misma preponderancia que el poema y su recitación. Pero no sólo eso, existe también una condición tecnológica implícita para que Osiris refiriera a lo incidental y pasara a posteriori a la “formalidad” de un “nuevo género”, apoyado ya no en lo técnico sino en elementos ejecutorios y neuropsicológicos. En los primeros discos (Poemas y canciones orientales, 1962; Canción para mi río, 1963; Osiris, 1965; y El forastero, 1966) grababa los poemas y las composiciones para guitarra por separado, en distintas pistas, no ejecutaba y recitaba al mismo tiempo. Entonces, allí sí –y sólo por eso– se justificaría lo incidental. Sin embargo, en nuevas versiones de las obras deja atrás el término ‘incidental’ para señalar al “nuevo género”, siendo que las músicas para los poemas eran las mismas, pero ahora tocando y diciendo en simultáneo (a partir del LP “Volumen 3”). Dejemos que el propio Osiris dé cuenta del método, para lo que citamos la contra carátula del LP “Cimarrones” de 1973: 

“Los romances que en versiones anteriores ilustráramos en “Play Back”, son ahora Poemas para guitarra y recitante.

“Se trata de un nuevo género logrado por la simple formalización de tendencia popular a improvisar música acompañante para versificaciones recitadas.

“Esta formalización ha consistido en escribir silábicamente, (y como sonidos indeterminados) los dibujos rítmicos producidos por la enunciación de los versos, componiendo en base a ellos, música concertante…”

De todos modos, aquí, quizá al pasar, realiza otro giro epistémico, invierte las actividades: de los poemas para recitante y guitarra a que aludió en el “Volumen 3” y en partituras inéditas pasa a los poemas para guitarra y recitante, otorgándole –de manera latente– primacía a la música. Es esta la que tiene –en tal caso– por función contener al poema y no al revés, como si los versos fueran los que acompañan a lo musical, algo que en la misma contra carátula de 1973 deja entrever:

“La música resulta un lenguaje ideal para expresar la más extensa gama de sentimientos y sensaciones.

“De ideas no.

“Para cuando se trata de expresar ideas sin abandonar la atmósfera musical, definiríamos la música como, un arte que “pide” la palabra.”

Ojalá estas obras sean la apoyatura de recitadores de aquí en más. Sean estos guitarristas o no; la posibilidad del dúo de recitante y guitarrista es plausible también y muy poco explorada. Asimismo, que integren los repertorios de los guitarristas como obras instrumentales mostrando el acervo guitarrístico osiriano y con él toda una gama de sonidos, pasajes folklóricos, motivos criollos olvidados, aires antiguos, evocaciones nostálgicas, profundidades metafísicas y, por sobre todo, la expresión plena del espíritu musical de la pradera platense. 

Partituras contenidas en el libro: 

Creciente en el río Yí/Canción para mi río, Serenata, Talita del pedregal, El cuento de Juan Corazón, Balaio/Canción del contrabandista, Fines de marzo/Una carta de otoño, Grillo Nochero, Vals heredado/Compuesto para una pena zaina, Manos brutas, Canción para mi guitarra, Tacuara, Canción sin cuna, Te recuerdo, Romance del malevo, Pena de camino largo, Música para ranas/Como esta lluvia mansa, Canción para decir adiós, Pájaros de piedra, El forastero, Estudio, Cielo de los tupamaros y Cuatro milongas.